sábado, 5 de noviembre de 2016



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El sentir de una maestra

Durante mi recorrido por este maravilloso mundo de ser MAESTRA he podido experimentar diversas sensaciones.  Todas ellas han logrado formar mi sentido de ayuda, servicio, pertenencia, amor, entrega y muchos otros sentimientos que son difíciles de definir pero que día a día se perciben en cada una de las acciones que realizo.  Hace algunos años ni siquiera podía imaginarme que el ser MAESTRA pudiera llenar tanto mi vida, que disfrutara con gran emoción la llegada de la mañana para ver y compartir con mis niños y niñas, que constantemente me preguntara si lo que hago realmente es lo que se necesita.  Pero hoy lo veo como una realidad.  Al llegar a mi aula de clase, siento todos esos brazos que rodean mi cuerpo y que con tanta sinceridad gritan PROOOFEEEE, y que decir de las cabecitas que se asoman por la puerta para ver si ya estoy llegando y correr a esconderse, simplemente para ver mi cara de susto cuando entre al salón.  No es el contenido, tampoco la variedad de los temas, es el sentimiento que le pones a cada uno de ellos, es el dinamismo, la creatividad, el respeto por los seres que tienes a tu lado lo que te garantiza el éxito de lo aprendido.  ¿Quien dijo que el MAESTRO es el dueño del saber?, que gran acto de humildad es reconocer que soy yo MAESTRA la que aprendo.  Las experiencias de cada día enriquecen más mi necesidad de entrega, pero no aquella interesada por lo que pueda recibir, sino aquella que pide a gritos conocer más, para dar más; para devolver todo ese amor, y esa lealtad de mis niños y niñas, esa necesidad de asombro que hace despertar el interés por devorarse el mundo, por que es claro que el mundo está hecho para ellos.